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lunes, 19 de septiembre de 2011

Recuerdos Imborrables del Terremoto del 85


Por: Leopoldo Díaz de León




Vista: Unidad Nonoalco, Tlaltelolco (1985

Han pasado 26 años y parece que fue ayer. Jamás olvidare los momentos de pánico, angustia, dolor y sufrimiento que vivimos los mexicanos el 19 de Septiembre de 1985. Habían transcurrido los primeros minutos después de las 7 de aquel imborrable jueves cuando vino el antes y el después del 19 de Septiembre. Yo vivía en la Colonia Roma una de las más afectadas por el Terremoto, sentado ya en la banca del Colegio sólo sentí el tronar de las paredes y el correr de la gente en medio de gritos y cables de luz y teléfono que caían al piso, espere a que el movimiento del sismo disminuyera para salir corriendo a casa, tenía que saber que sucedió con mi madre y una de mis hermanas en el sexto piso de la calle de Aguascalientes, como pude llegue en medio del sonido de las ambulancias y la incredulidad de la gente que trataba de encontrar una respuesta a los edificios que ya se habían derrumbado. Por fin llegue de la calle de San Luís Potosí a las de Aguascalientes son 6 cuadras y se me hicieron como300cuadras,pero el edificio estaba de pie, peor que si hubiera pasado un bombardeo y ráfagas por todas las paredes, pero de pie con mi hermana en un mar de lágrimas y mi mamá con la Magnifica y el Rosario a todo lo que da.

Vista: San Juan de Letrán.  (1985)


Vista: Colinia Roma (1985)
Ahora venía la otra realidad, armarse de valor y comenzar la ayuda en las labores de rescate y apoyo a damnificados de la zona Cero en la Roma y sus inmediaciones, la realidad me puso a decidir entre permanecer pasivo ante la catástrofe o demostrar de qué están hechos los hombres de buena fe. 
Tomé lo que pude un par de martillos, unas palas y me fui a unas cuadras de casa, al multifamiliar Juárez lo que ahora es el Hospital Siglo XXI ahí a vestirse de coraje para ir a enfrentar la gigantesca masa de escombros que se cernía sobre la zona centro sur de la capital del país, ya que la Ciudad de México estaba bajo el polvo y desmoronamiento de edificios. A mis 17 años aún no lograba entender la vulnerabilidad humana. Las dudas de mi capacidad a cuestas, por no tener una preparación adecuada de reacción a una eventualidad quedaban al descubierto, pero me agregue a un grupo de voluntarios que buscaba sobrevivientes entre las toneladas de escombros  y estructuras metálicas de los edificios caídos.


Vista: Unidad Nonoalco, Tlaltelolco (1985)

Me encontré muchas veces con la muerte, la vi de frente en decenas de rostros desconocidos que de pronto se convirtieron en parte de una sola familia, me tocó hacerle frente y fui venciendo en más ocasiones de las que quisiera recordar. El dolor y olor a muerte permeaba igual bajo la piel, las lágrimas querían asomar a veces pero la idea de que alguien más estuviera gritando en silencio bajo los escombros, no permitía que el sentimiento ganara a la razón; o quizá si lo hacía y la razón se obnubilaba por la necesidad de querer salvar a todos.

Fotógrafo: Javier Ramírez / alumno 5to. semestre
Increíble pero cierto, No estábamos listos, nunca nos prepararon para enfrentar una catástrofe de esa magnitud, mientras recuerdo que, entre las muchas vidas robadas a la muerte, en las labores de rescate, está la de una niña de un año quien milagrosamente salió ilesa y el rescate a los familiares de uno de mis amigos. A partir de esta tragedia se creó la Secretaria de Protección Civil y por ello cada año se hacen simulacros para recordar lo frágiles que somos ante la naturaleza, por ello constantemente hay que inculcarles a las nuevas generaciones el significado de " Estar Preparados", no tomarlo como un juego porque el día que te toque seguro sabrás reaccionar.
Fotógrafo: Javier Ramírez / alumno 5to. semestre
Fotógrafo: Javier Ramírez / alumno 5to. semestre

Fotógrafo: Javier Ramírez / alumno 5to. semestre



Simulacro en el Bachillerato José Ramón Fernández.

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